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Belgrano: mucho más que el creador de nuestra Bandera

Señala el historiador Felipe Pigna en el libro Manuel Belgrano. Vida y obra de un revolucionario que “había nacido en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en España, en las Universidades de Valladolid y Salamanca. Llegó a Europa en plena Revolución Francesa y vivió intensamente el clima de ideas de la época.”

A doscientos cincuenta años de su nacimiento y doscientos de su muerte, el nombre del Prócer sigue asociado casi con exclusividad a nuestro símbolo patrio. Es una manera de reducir el legado de su acción intelectual, económica, social y militar a un solo hecho y mantener en un segundo plano su figura como uno de los más lúcidos innovadores y revolucionarios de nuestra historia.

En 1794 regresó a Buenos Aires con el título de abogado y con el nombramiento de Primer Secretario del Consulado otorgado por el Rey Carlos IV del Imperio Español. Su función fue controlar las actividades económicas de Buenos Aires en favor de la Corona. Desde ese puesto, Belgrano se propuso poner en práctica sus ideas. Había tomado conciencia de la importancia de fomentar la educación y capacitar a la gente para aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Creó escuelas de dibujo técnico, de matemáticas y de náutica.

Sobre su labor en el Consulado Belgrano escribió en su Autobiografía: "Mi ánimo se abatió y conocí que nada se haría en favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del común. Sin embargo, ya que por las obligaciones de mi empleo podía hablar y escribir sobre tan útiles materias, me propuse al menos echar las semillas que algún día fuesen capaces de dar frutos, ya porque algunos estimulados del mismo espíritu se dedicasen a su cultivo, ya porque el orden mismo de las cosas las hiciese germinar".

Desconfiaba de la riqueza fácil que prometía la ganadería porque “da trabajo a muy poca gente, no desarrolla a la inventiva, desalienta el crecimiento de la población y concentra la riqueza en pocas manos.”

Proponía proteger la agricultura, las artesanías e industrias locales subvencionándolas a través de “un fondo con destino al labrador ya al tiempo de las siembras como al de la recolección de frutos” porque “la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas, lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación”.

Esta era, a su entender la única manera de evitar que “los grandes monopolios que se ejecutan en esta capital, por aquellos hombres que, desprendidos de todo amor hacia sus semejantes, sólo aspiran a su interés particular, o nada les importa el que la clase más útil al Estado, o como dicen los economistas, la clase productiva de la sociedad, viva en la miseria y desnudez que es consiguiente a estos procedimientos tan repugnantes a la naturaleza y que la misma religión y las leyes detestan”.

Resaltaba la necesidad imperiosa de formar un sólido mercado interno, condición necesaria para una equitativa distribución de la riqueza: “Sólo el comercio interno es capaz de proporcionar ese valor a los objetos, aumentando los capitales y con ellos el fondo de la Nación, porque buscando y facilitando los medios de darles consumo, los mantiene en un precio ventajoso, así para el creador como para el consumidor, de que resulta el aumento de los trabajos útiles, en seguida la abundancia, la comodidad y la población como una consecuencia forzosa.”

Belgrano fue el primero en proponer la Reforma Agraria basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos: “es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se le dan propiedades que se podría obligar a la venta de los terrenos, que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacían las plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas y están colinderas con nuestras poblaciones de campaña, cuyos habitadores están rodeados de grandes propietarios y no tienen  ni en común ni en particular ninguna de las gracias que les concede la ley, motivo porque no adelantan.”

La Bandera Nacional fue creada el 27 de febrero de 1812, durante la gesta por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Fue bendecida el 25 de mayo de 1812 por el canónigo Juan Ignacio Gorriti mientras era sostenida por Manuel Belgrano en la Catedral de San Salvador de Jujuy.

Belgrano falleció un 20 de junio de 1820 en medio de la indiferencia general, en plena guerra civil, con tres gobernadores en un mismo día Buenos Aires.

El 9 de junio de 1938, se sancionó la Ley Nº 12.361 por la que se declaró "Día de la Bandera" el 20 de junio en homenaje al aniversario de la muerte del General Manuel Belgrano.

 

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